Meditación para todos/as
Hostiberi | 13-10-2017 | Visitas: 458

Para empezar a meditar solo se necesita: querer meditar, constancia en la práctica y una buena estructura meditativa.

La meditación puede aportarnos grandes beneficios desde el principio, además siempre podemos seguir creciendo aún después de años meditando, por que no es un campo cerrado ni una disciplina con un método estancado que no admita progreso. Y es que al hablar de meditación estamos hablando de cultivar la vida interior, a poco que nos asomemos a nuestro interior descubriremos una inmensidad.

También es cierto que esa inmensidad es tan abrumadora que si no vamos con las ideas claras de lo que tenemos que hacer, en mi experiencia nos perdemos y toda la potencia de la práctica se disipa. En cada fase de la práctica lo que necesitamos es diferente y las herramientas que utilizaremos van variando en función de esas diferencias que están relacionadas con nuestras capacidades y nuestras aspiraciones.

Algunas personas llegan a la clase de meditación con la idea de que tienen que hacer algo así como “vaciar su mente”, y se frustran por que no lo logran, algo que por otra parte es normal que no sea alcanzado teniendo en cuenta que el discurso mental tiene una cierta utilidad para la vida y transcurre por sí mismo más allá de nuestras intenciones de limitarlo o pararlo. Sin embargo si uno comprende que puede iniciar el camino hacia la meditación, simplemente entrenando su atención, encontrará que la posibilidad es realista y que además aprender a manejar la atención es por sí mismo un enorme logro para relacionarse con los estímulos de la vida cotidiana.

Invito a todas las personas interesadas en la meditación a que acepten el punto de partida y sean realistas con los logros y conquistas que van realizando. El hecho de pararse un rato ya es un logro en medio de un dinamismo brutal, manejarse equilibradamente con las incomodidades y malestares propios del cuerpo y con la agitación emocional habitual es otro logro digno de interés. La vida de un occidental acomodado es bastante diferente a la vida de un monje oriental, sin embargo el impulso e incluso la necesidad que ambos tenemos de cultivar nuestra vida interior es idéntica incluso si los medios por los que lo alcanzamos son diferentes todos en Oriente o en Occidente podemos aportar a través de nuestro cultivo personal un poco de luz al mundo.